domingo 5 de julio de 2009

S. Darko, de Chris Fisher

Donnie Darko se estrenó en el año 2001 y muy pronto adquirió la etiqueta de película de culto. Su compleja estructura narrativa, su final abierto a varias interpretaciones y sus múltiples referencias a elementos de la cultura popular (desde Los Pitufos hasta Matrimonio con hijos, pasando por el DeLorean de Regreso al futuro y el grupo musical Duran Duran) le otorgan con justicia un puesto relevante entre los filmes más oscuros, inclasificables y arriesgados de esta primera década del siglo XXI.

El por entonces debutante Richard Kelly, director y guionista de la obra, concebía un perverso cuento que transcurría en un pocos días del otoño de 1988. La historia adoptaba en realidad la forma de bucle, por lo que en principio parecía imposible que pudiera generar alguna secuela. Sin embargo, "milagros" de Hollywood, ocho años más tarde aparece esta S. Darko, en la que el papel de Kelly se limita a la cesión del personaje protagonista.

Samantha Darko (interpretada por la bella actriz Daveigh Chase en ambos filmes, si bien en el primero era tan solo una niña -y su rol, casi testimonial-), hermana pequeña de Donnie, heredera de su sonambulismo (y de su aire melancólico), es ahora quien debe hacer frente a los quiebros del destino, a los viajes a través del tiempo y a la inminente destrucción del mundo. Y es que más que una secuela, estamos ante un auténtico remake de la cinta original. Los desconocidos Chris Fisher -realizador- y Nathan Atkins -guionista- copian sin rubor los elementos más relevantes de la trama de Kelly (la escena del cine -memorable en la primera película gracias a un agudísimo diálogo- es el mejor ejemplo de esta falta de ideas nuevas), aunque ni de lejos logran recrear la insana atmósfera de su precedente. Así, algunas secuencias oníricas parecen directamente extraídas de un anuncio televisivo de colonia. Y es que visualmente la obra no puede negar su origen como estreno directo en dvd.

Por otro lado, los guiños a la película protagonizada por Jake Gyllenhaal son continuos (basta decir que el nombre del pueblo donde se desarrolla la acción es Conejo Springs, obvia alusión al personaje de Frank, amigo imaginario del adolescente Darko), añadiendo a la ya de por sí intrincada estructura argumental una complejidad más para todos aquellos que se acercan a la cinta sin haber visto antes la opera prima de Kelly.

En cuanto al nivel interpretativo, hay que reseñar que el reparto está plagado de nombres conocidos del mundo de las series de televisión (en su mayoría actores jóvenes, protagonistas de programas de éxito entre los adolescentes -supuestos "receptores" de este filme-), pero poco habituales en la gran pantalla, salvo quizá el caso de Elisabeth Berkley, en un papel (casi anecdótico) similar al que realizaba Drew Barrymore en la susodicha Donnie Darko. Todos ofrecen actuaciones mediocres, sin brillo alguno. Tal vez sólo se salva la ya mencionada Daveigh Chase, aunque más por los agradables planos que regala a la cámara que por sus cualidades como intérprete.

En definitiva, versión telefilme de sobremesa de un clásico moderno, carente de interés incluso para los muy aficionados a la primera película. Ahora solo queda esperar que ningún productor iluminado mencione la palabra "trilogía".

domingo 21 de junio de 2009

Trece tristes trances, de Albert Sánchez Piñol

Basta echar un vistazo a la etiqueta de reseñas literarias en la columna de la derecha para comprobar que las dos novelas publicadas hasta la fecha por el escritor catalán Albert Sánchez Piñol (La piel fría y Pandora en el Congo) figuran entre mis lecturas favoritas de los últimos tiempos. Por ese motivo, por el excelente sabor que me dejaron ambas obras, aguardaba mucho de esta antología de relatos (la segunda del autor, tras Les edats d'or -creo que no traducida de momento al castellano-). Sin embargo, debo reconocer que la sensación al terminar el libro no es todo lo buena que esperaba. Me explico: varios de los cuentos (los de menor extensión, por cierto) están muy alejados del rico (y absorbente) universo creado por el barcelonés en los textos largos ya mencionados. Incluso creo que pueden considerarse más simples fábulas que auténticos relatos/microrrelatos. Es el caso de, por ejemplo, Todo lo que necesita una cebra para sobrevivir en la sabana, La ley de la selva o El Rey de Reyes y las dos ciudades. No digo que carezcan de interés, de hecho creo que de alguna manera se refleja en ellos una parte de la faceta de antropólogo del autor, pero quizá desconciertan un poco al lector acostumbrado a que la pluma de este escritor alumbre aventuras próximas a Conrad, Stevenson o Lovecraft.

En otros textos sí resulta más sencillo reconocer el estilo del Piñol novelista. Un relato creo que destaca por encima del resto: Dime que aún me quieres, cierre del volumen. La historia, cargada de ironía, cierta tristeza y un marcado aire fantástico, no tiene desperdicio: un tipo recién casado debe hacer frente al regalo de bodas de su suegra: una armario que devora personas (sic). Otros cuentos a tener presentes son: Cuando caían hombres de la Luna y De chiquitín tos de mastín; más adelante, pata de elefante. Ambos aprovechan elementos de ciencia ficción (eso sí, buscando el absurdo) para explorar, entre otros temas, el complejo universo de la familia y las relaciones que se establecen entre sus miembros.

Estos tres relatos (y alguno más -Nunca compres churros en domingo-) ya hacen rentable la compra de un libro que sitúo más cerca del bien que del aprobado (y, ya digo, al que sólo mis altas expectativas impiden alcanzar una nota mayor). Y es que, al fin y al cabo, Trece tristes trances cumple con creces el papel de entremés, de pieza ligera con la que hacer un poco más llevadera la espera de esa conclusión para la trilogía iniciada en 2003 con La piel fría. Por si fuera poco, algo he leído sobre que el catalán prepara también una novela fantástica ambientada nada menos que en el Londres del siglo XIX. En fin, parece que hay Piñol para rato.

sábado 6 de junio de 2009

Ficciones mínimas

Microficciones es la idea que se me ha ocurrido para darle utilidad a una vieja cuenta que tenía abierta en Twitter. Se trata de un espacio para ir publicando relatos muy breves (de no más de 140 caracteres, tal y como mandan las normas del servicio). Busco con ello desentumecerme un poco tras cierto tiempo sin escribir (salvo para redactar las entradas del blog, apenas me he acercado al procesador de textos). Y es que la preparación de unas oposiciones me está robando demasiado tiempo y energía. Con estos nanocuentos espero, al menos, matar el gusanillo. La cosa por ahora marcha bien. Los breves fluyen y la limitación de espacios supone un reto interesante. Pero que nadie aguarde piezas de antología, porque la mayoría son líneas totalmente improvisadas.

He añadido un apartado en la columna de la derecha para que cualquiera que visite el blog pueda acceder a los textos directamente desde aquí. Espero que sirva también para darle algo más de dinamismo a la bitácora, pues el ritmo de actualizaciones (y la calidad de las mismas, para qué mentir) ha decaído bastante en estos últimos meses. Y me temo que seguirá ralentizado como mínimo hasta final de año, aunque en breve espero poder publicar un par de reseñas de mis últimas lecturas.

viernes 22 de mayo de 2009

V

Era una de mis series favoritas de crío. Y eso que no debía tener más de tres o cuatro años cuando la emitieron en España por primera vez. Pero recuerdo bien la impresión que me producía ver a los lagartos (ay, Diana) devorar ratones. También recuerdo que a esa edad infantil todos jugábamos a construir armas como las de los protagonistas (con piezas Lego, por ejemplo) y nos peleábamos para ejercer de Mike Donovan. En fin, que vuelve V, en una nueva versión, y no puedo evitar algo de nostalgia.

lunes 11 de mayo de 2009

La piel fría, Cold Skin, en 2011


El proyecto de adaptar a la gran pantalla la novela breve de Albert Sánchez Piñol va tomando cuerpo poco a poco. A la espera de confirmar los nombres de los actores que darán vida a los protagonistas de la historia (un triángulo formado por un oficial atmosférico destinado en una isla remota, el farero del lugar y una criatura marina de aspecto casi humano), ya se conoce la identidad del director: será David Slade (responsable de la interesante -y políticamente incorrecta- Hard Candy). El guión llevará la firma de Jesús Olmo (28 semanas después). Fecha prevista para su estreno: 2011.

domingo 10 de mayo de 2009

Treinta años de Apocalypse


Hoy se cumplen treinta años del estreno de la película Apocalypse Now en el Festival de Cannes (1979). Francis Ford Coppola presentó en la pequeña ciudad francesa una de las obras cumbre de su filmografía, un auténtico "clásico moderno" del cine bélico (¿antibélico?). El realizador italo-americano y el guionista John Milnius (autor también de los libretos de Conan, el bárbaro y Jeremiah Johson) trasladaron con enorme eficacia el espíritu de la novela El corazón de las tinieblas, escrita por el polaco Joseph Conrad en 1899 -y centrada en la explotación colonial-, a Vietnam, escenario adecuado para denunciar la estupidez de la guerra y explorar los abismos de la locura. Además de la maestría de Coppola tras la cámara, unos diálogos memorables y un reparto en estado de gracia (con Marlon Brando bordando un papel para el recuerdo) convierten a Apocalypse Now en uno de los filmes más importantes del siglo XX.

domingo 3 de mayo de 2009

Lecturas para un domingo

Novela
Título: El quimérico inquilino
Autor: Roland Topor
Editorial: Valdemar
Colección: El Club Diógenes
204 págs - 8 €



Roland Topor (1938-1997) fue un personaje polifacético e inclasificable, dotado de un perturbador y macabro sentido del humor. Sus influencias surrealistas le llevaron a fundar en 1962, junto con Fernando Arrabal y Alejandro Jodorowsky, el ya legendario Grupo Pánico.

El quimérico inquilino es la primera novela de Topor, un relato sórdido e inquietante que Roman Polansky llevó al cine y protagonizó con bastante acierto. Es la historia de la progresiva autodestrucción psicológica y física de su protagonista al quedar atrapado en la espiral de la locura y sus terrores. Trelkovsky, un joven parisino correcto y discreto, alquila un apartamento que ha quedado libre en la calle Pyrénées. Poco a poco, las relaciones con los vecinos y su obsesión por la trágica desaparición de la antigua inquilina, le van sumergiendo en una pesadilla llena de extrañas visiones, una grotesca trampa que adquiere las precisas dimensiones de un agobiante apartamento. El final inesperado constituye una obra maestra del «tercer acto», un desenlace en el que el autor sugiere la terrible idea de la historia circular, del eterno retorno del tormento. Sobre El quimérico inquilino, el prestigioso escritor y guionista John Collier dijo lo siguiente: "Una historia de terror realmente actual, tan estrechamente enrollada sobre sí misma, tan fría, sigilosa y mortal como una serpiente en la cama".

Relatos
Título: Si te gustó la escuela, te encantará el trabajo
Autor: Irvine Welsh
Editorial: Anagrama
Colección: Panorama de Narrativas
448 págs - 21,50 €



Ésta es la primera colección de cuentos de Welsh desde Acid House, que cambió nuestra mirada sobre una época y una generación. En "Serpientes de cascabel", a dos chicos y una chica, muy drogados y enrollados, se les para el coche en medio del desierto y se preparan a pasar la noche. Pero al conductor lo pica una cascabel en la parte del cuerpo que tenía en la mano mientras soñaba con la chica. En el relato que da título al libro, Mickey, un expatriado inglés en las Canarias, tendrá que hacer juegos de prestidigitación con sus diferentes amantes, además de vigilar a dos presuntos gángsters que parecen planear un golpe. El lector también se encontrará con unas chicas muy esnobs, que se reúnen en un restaurante coreano de novísima cocina, a una de ellas le desaparece el perro y sospecha de su vecino: el chef del restaurante..., y con "Miss Arizona", una especie de terrorífica Gloria Swanson de Sunset Boulevard, la última esposa de un famoso realizador indie y maldito. Y, en "El reino de Fife", Welsh vuelve a su territorio, la Escocia profunda, con una historia de amor con sexo y drogas, y también mucho de comedia de enredos. "Sumado a todo lo que ya admiramos en él, Welsh se revela aquí como un escritor cómico brillante" (Hugo Barnacle, The Times).